Hotel de una capital de provincia, en una tarde de invierno, llueve mansamente sobre las calles desiertas.
Nuestro héroe, después de haber comprobado que no hay fútbol en la tele, que el hilo musical no funciona y de haber agotado el mueble bar, hojea distraídamente la Biblia que hay sobre la mesita de noche.
Pero de pronto!
Parece animarse y descuelga el teléfono.
- Recepción.
- Buenas tardes, señorita. ¿Tienen horarios de trenes?
- Pues no, lo siento.
- No importa, gracias. Por cierto, ¡qué voz tan agradable tiene usted! Me pregunto a qué hora termina su turno…
Leer el resto de esta entrada »
Categoria: Humor | Escribir comentario